El mirlo viejo - Soneto
Cuatro paredes llenas con su mirar.
Dos almas ruborizando la tarde.
El mirlo viejo vuela, la garza arde,
y dulcemente comienzan a bailar.
La musiquilla de su pestañear
quita los miedos de un mirlo cobarde
que hinchando el pecho hace alarde
de coraje que jamás pudo soñar.
Los besos comienzan a dictar sentencia.
Las caricias ya son muy traviesas
y entran en un mundo de inconsciencia.
Ese precioso mundo de uvas y de fresas,
donde se va esfumando la prudencia
de las campesinas y de las princesas.
José Enrique Oti García.

Comentarios
Publicar un comentario