Poema
Soñaba que llegaba la brisa con la frescura del mar
y que besaba los cerrados párpados de dos luceros,
luceros, hermosos, maravillosos, y hechiceros
que la tristeza consiguiera que dejaran de brillar.
En la distancia su esplendoroso talle dejaba abrazar,
quería ser amada por su lejano y buscado consuelo.
En su ardiente imaginación llegaban juntos a un cielo
donde su deleznable tristeza ya no la podía atrapar.
Y volaban por lindos paraísos donde caían copos de miel,
donde las tiernas caricias las imaginaban aterciopeladas,
donde en la distancia dos insinuantes y profundas miradas
hablaban de besar cada diminuto poro de la deseada piel.
Luego llegaba la constelación de estrellas fugaces
que iluminaban su mágico y resplandeciente universo.
Era un universo donde la prosa se transformaba en verso
donde un gorrión y una paloma se hicieron aves rapaces.
Llegaba la despedida y ninguno de ellos se quería despedir.
Eran despedidas eternas, eternas hasta que lo dejaron de ser.
Ella se enamoró de veras, como se enamora una buena mujer,
El siguió con su vida, pero malvivió hasta que volvió a vivir.

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